María Modelo de todo cristiano. P. Modesto Pozo

Hace veinte años aproximadamente, compartía con mis compañeros de seminario una reflexión sobre la virginidad de María, y lo hago hoy con mis estimados lectores,  a propósito que el martes pasado se celebró la fiesta de la Presentación de la Virgen María al templo. Es en una antigua fiesta de piadosa tradición mariana. Se cuenta que cuando la Virgen María era muy niña sus padres San Joaquín y Santa Ana la llevaron al templo de Jerusalén y allá la dejaron por un tiempo, junto con otro grupo de niñas, para ser instruidas muy cuidadosamente en la oración y a todos los servicios del templo.

Desde las primeras formulaciones de fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno virginal de María, únicamente por el poder del Espíritu Santo, esto significa que la concepción de su Hijo Jesús nunca hubo intervención de varón. Los padres de la Iglesia ven en esta concepción virginal, el signo mas grande y único que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios hecho hombre. Los Evangelios presentan, esta concepción como obra divina,  sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humana.

Que grande y maravilloso misterio de la encarnación, que manifestación profunda del amor de Dios para con nosotros. Que insondables los designios del Creador. Es que  María desde el comienzo, fue elegida por Dios, para recibir su propio Hijo en un acto de fe perfecto. Ella daría a Jesús su Sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter, su educación primera. Ella debía  ser preservada  y haber crecido a la sombra del Todo Poderoso, cual flor impoluta que nadie pudiera tocarla, porque ninguno debía arrancar los pétalos y aprovechar su perfume. Ella que renunció a todo menos a Dios, en adelante se convertiría en modelo de todos los creyentes. Abriéndose  paso a través de los siglos conquistando y promoviendo la virginidad consagrada, virtud que es rechazada y hasta ridiculizada por el mundo actual.

La virginidad fue el gran ideal que vivió María. Se consagró a Dios,  porque en su vida  Dios despertaba un anhelo de ser completamente poseída por Él. Este anhelo, que ya se prendió en su alma cuando empezó a ser consciente, se fue desarrollando con más rapidez que ella misma, los sentimientos y aspiraciones de María eran siempre los mismos y estaban dirigidos a Dios únicamente.

Que aspecto tan maravilloso el de María Virgen, que deslumbra al mundo con su luz, pues hasta su cuerpo puro fue llevado al cielo para ser coronada como Reina y Señora de todo lo creado. Fue sin dudad el amor a Dios que la llevó a no contaminarse con nada extraño.

María, tú que mantuviste sin mancha de toda clase de pecado, intercede ante Dios, para que baje también sobre nosotros la gracia de mantenernos en la perfecta pureza, limpios, transparentes en nuestro pensar, hablar y actuar. María que siempre comprendió y vivió la voluntad de Dios nos ayude a caminar según sus designios.

 Recemos  cada día el Santo Rosario, para que cada Ave María caiga a sus plantas, como una flor arrancada del jardín de nuestro corazón.

Deja un comentario