La grandeza o perversidad del hombre. P. Modesto Pozo

La grandeza o perversidad del hombre se mide en la forma  que mira al otro, si lo hace con odio o misericordia, con envidia o con alegría, con amor o con desprecio, si  hasta la vida misma se la puede mirar con optimismo o con pesimismo, es allí donde se ve la nobleza o la miseria humana.

Mi intención es presentar la figura del ministerio pastoral del sacerdote como el buen Pastor que cuida a su rebaño. Ciertamente el gran Pastor es Jesucristo, el es quien guía su rebaño, el es quien acompaña y vive con ellos, por eso los conoce y hasta esta dispuesto a dar la vida por ella (leer Jn.10,3-4).

El presbítero como partícipe de ese ministerio pastoral de Cristo, tiene que reproducir las características  de ese amor pastoral de Jesús. Por eso su oficio es de Santificar, Enseñar y Guiar a su comunidad parroquial. En este triple oficio estamos llamados a actualizar la obra salvífica de Cristo. El sacerdote a través de la celebración de los sacramentos, libera a su rebaño de la esclavitud del pecado y lo devuelve a la gracia divina. Es el maestro de la palabra de Dios que ilumina la vida del creyente, y como regidor lleva al pueblo de Dios hacia fuentes tranquilas, como meta final el renio de los Cielos.

Ministerio que tiene con finalidad la salvación de las almas, hemos de hacerlo con exquisita caridad pastoral, con la única finalidad de ganar almas para Dios, con amor siempre rejuvenecido, absolutamente gratuito, todo como un don incluso a quienes no se lo merecen o mas aun lo rechaza.

La caridad pastoral ha de traducirse en una estrecha relación con Dios, en una vidas contemplativa, maravillándonos cada día de lo que Dios hace en cada uno de nosotros y de ese regalo inmerecido con el cual Dios se a dignado agraciarnos. Esto quiere decir que, no obstante de nuestras limitaciones humanas y pecados Dios se a Fijado en nosotros, tanto que nos llamo a participar del  sumo y eterno sacerdote de Cristo, pero eso si con la finalidad que seamos el puente entre Dios y los hombres.

He aquí la necesidad de irnos renovando cada día, de ir comprendiendo  nuestra identidad sacerdotal, para lo cual hemos sido consagrados. Nuestro deber pastoral será siempre mas hermoso, y el anuncio kerigmatico será la expresión del amor de Dios a la humanidad.

El Ministerio sacerdotal compromete toda la vida en su ser y el hacer. El sacerdote tiene que donarse totalmente sobre todo a los más pobres y necesitados del amor de Dios, porque representa a Cristo y debe encarnar en sí  los mismos sentimientos de Cristo Buen Pastor. Junto a la disponibilidad total del sacerdote debe estar la fidelidad a Cristo y a la Iglesia. El mismo  amor  paternal a sus feligreses lo empujara a la fidelidad a la verdad del Evangelio.

El estilo de vida sacerdotal se vera reflejado en una vida de comunión con el obispo y sus hermanos sacerdotes que al mismo tiempo estos se convertirán en el apoyo en momentos de soledad. Esta comunión sacerdotal brota del Sacramento del Orden, porque todos hemos recibido una misma misión, para ser un solo cuerpo en la Iglesia con la cabeza que es Cristo.

Por lo tanto cuando realizamos actos que deciden de nuestra realidad presbiteral herimos a todo el cuerpo que es la Iglesia, si  un miembro sufre todo el cuerpo sufre, de allí que pedimos perdón a toda feligresía, si con nuestras actitudes negativas hemos herido el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia.

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