Coherencia de Vida. P. Modesto Pozo

La coherencia de vida es una característica de la autenticidad de vida. En cambio la incoherencia es ruptura entre lo que se piensa, se dice y lo que se hace, por ende afecta  unidad de vida. El esfuerzo diario por conseguir la unidad de vida, nos lleva a ser cada vez más coherentes. La unidad de vida comprende tanto a la persona misma como a sus obras, pues excluye fisura entre ambas.

 Por eso no puede haber una dualidad entre la práctica de la fe y las obras humanas, entre las relaciones con Dios y las relaciones con el prójimo. Me parece fácil ser coherente en la hora del entusiasmo, difícil serlo en la hora de la tribulación. Y sólo puede llamarse coherencia aquello que dura toda la vida.

Unidad de vida, coherencia de vida, ¿qué es? Es vivir, y actuar como se piensa. Si sé que robar es malo, y lo hago, falta coherencia de vida. La unidad de vida esta en ser hijos de Dios, es decir vivir como lo que somos. Por ejemplo un caballo no  puede actuar mas que como lo que es, caballo. Nosotros deberíamos actuar solo y únicamente como somos hijos de Dios.

El Evangelio nos recalca que somos hijos de Dios. San Juan lo dice: “Mirad qué amor nos ha dado el Padre, que nos llamemos hijos de Dios… y lo somos” (1Jn 3,1). No hemos sido simplemente perdonados, hemos sido adoptados como hijos. Jesús no solo vino para salvarnos del pecado, sino para la filiación divina. Desde el principio, esta fue la finalidad por la cual Dios creó al hombre. Por ende, tenemos obligación de formar bien la conciencia. De saber lo que realmente somos. Cierto que es difícil  tener unidad de vida, pero hay que luchar hasta conseguir  lo que buscamos.

En la edad medía había un conocido proverbio: Qui bene vivit semper orat (quien bien vive siempre ora). Y esto es verdad porque quien tiene una vida recta, su vida misma ya es una constante acción de gracias a Dios.

Jesús dijo: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). El propio Jesús con su entrega en la cruz supo mostrarse como el grano de trigo que muere para dar abundante fruto. Él cayó en tierra en su pasión y muerte, y volvió a brotar y dió fruto en su resurrección. Este relato bíblico nos ayuda a entender que nuestra propia vida no es para que se seque en el granero, sino para ponerla en la tierra para que fecunde, éste es  el sentido de nuestra existencia. Jesús explica esta imagen cuando añade: “El que ama su vida la pierde, y el que pierde su vida en este mundo la conservará para la vida eterna” (Mt 16,25).

Caer en tierra y morir no es, pues, únicamente el camino para dar fruto, sino también para prolongar la propia vida, o sea para continuar existiendo. El significado es claro. Si el hombre no pasa por la transformación que proviene de la vivencia del bautismo, si no acepta la cruz, sino que se queda atado a su egoísmo, todo acabará con él, su vida terminará extinguiéndose.

Si el viñador nos poda, quiere decir que espera mucho de nosotros. Dice la Escritura: “El Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos” (Hb 12,6). A veces ofrecemos el dolor, pero no lo aceptamos.

Deja un comentario